“Deberían enseñarnos a fracasar. No nos preparan para enfrentar el fracaso. Tenemos la falsa idea de que la vida será perfecta y fácil. Crecemos pensando que los adultos lo tienen sencillo y que a la vuelta de la esquina, dentro de unos años (o en cualquier otro horizonte) encontraremos el momento en el que todo estará solucionado y la vida será como planear en el cielo sin posibilidad de caer. Cuando alcancemos ese algo, encontremos a esa persona y si tomamos buenas decisiones nuestra vida será buena y sencilla. Todos los días nos bombardean con las virtudes, bondades y la imperativa necesidad de ser exitosos, alcanzarlo, abrazarlo y hacerlo nuestro por los siglos de los siglos, amén. Rara vez nos dicen (si es que alguna vez lo hacen) que los fracasos son más importantes, no debemos evitarlos como una epidemia ni debemos entenderlo como una pesadilla; ahí, en los fracasos, están las mejores lecciones. El suicidio cada vez es más común porque las personas esperan cuentos de hadas y la vida está llena de todo menos de perpetuidad. Lo que distingue nuestras existencias es que están hechas de momentos y los momentos son efímeros. No hay maestros ni predicadores del fracaso. Nos hablan de las mieles del éxito y prometen que al final del arco iris la vida se resuelve. El éxito es la solución, pero la idea de éxito que nos muestran es un éxito que caduca con rapidez, un éxito que no satisface y que te hace necesitar más, es un éxito envidioso, avaricioso y enfermizo. Sólo la muerte tiene una solución definitiva para la vida, el resto es un proceso incierto con extremos, opuestos, contradicciones y experiencias. Una lección que recién aprendí fue que hasta las buenas decisiones duelen.”— El diario vacío, Ave Literaria.
via weheartit
The perks of being a wallflower.